
ablar en estos momentos de economía es hablar de desaceleración, posterior crisis y finalmente a la vuelta de la esquina, de recesión. Confiemos que todo quede allí y la palabra deflación no llegue ni siquiera a pronunciarse. En el reciente Congreso Nacional de Economía un importante grupo de expertos ha analizado la situación actual de la economía española, finalizando en lo que se ha dado en llamar “Declaración de Zaragoza, Causas y remedios para una crisis abierta”.
Los indicadores económicos se encuentran encendidos desde hace ya tiempo, y todos ellos, apuntan en el mismo sentido. Crecimiento desmesurado del crédito, relajación y falta de rigor en los organismos reguladores y supervisores, tanto americanos como europeos, y un abuso de la mal llamada ingeniería financiera, con marketing agresivo que inducía a ganancias rápidas, en productos de dudosa garantía, soportados por la ausencia de una mínima regulación que garantizara la solvencia de los mismos.
La tardanza en actuar tanto del gobierno americano como de los europeos, originó una gran alarma y posterior desconfianza en el sistema financiero, que ocasionó un rápido agravamiento de la crisis económica en la que ya nos hallábamos inmersos; y aún cuando la situación del sistema financiero español era mejor que la de nuestros vecinos del norte, no impidió que cundiera una gran desconfianza entre el publico en general y especialmente en el tejido empresarial.
Las restricciones financieras han puesto en serias dificultades a las pequeñas y medianas empresas españolas, que han visto como caía la demanda consecuencia de todo lo anterior.
La salida de la crisis financiera internacional, requiere de un consenso entre los países implicados. La reciente reunión de Washington es un primer paso en el camino iniciado. Cuanto antes se solucione la falta de liquidez del sistema financiero, antes estaremos en situación de mejorar nuestra crisis económica.
Es prioritario restaurar con prontitud la confianza del ciudadano en el entorno económico, financiero, y empresarial; a la par que crear las condiciones económicas que permitan minimizar las consecuencias de la crisis de forma que seamos capaces de frenar la destrucción de empleo que nos sitúa en la cabeza de la UE en tasa de paro, duplicando la de nuestros socios europeos.
Resulta imprescindible una actuación decidida por parte del Gobierno de España enmarcada en una planificación a corto, medio y largo plazo que determine la líneas de la política económica considerada como un todo de manera que las medidas se complementen y converjan en una dirección única, que permita a las empresas mantener la inversión, y reactivar la demanda.
Experiencias pasadas han venido demostrando que la toma de medidas con cuentagotas y falta de un único plan económico director, no han sido efectivas en el sentido esperado. Se necesita planificación frente a improvisación.
La refundición en un único texto de variopintas medidas, algunas de ellas consecuencia de procesos ajenos a la economía, no constituyen de por sí una panacea para solucionar la grave situación económica española. La necesidad de liderazgo económico es una exigencia irrenunciable en estos tiempos. Las deficiencias de financiación de nuestros ayuntamientos y autonomías, son una asignatura pendiente, indudablemente agravada con la crisis, pero su solución es independiente de la misma.
La flexibilización del mercado de trabajo, junto con la reducción de costes administrativos y fiscales, así como una potenciación de las políticas de I+D+i, unidas a un plan de inversiones públicas capaz de mantener el empleo, son pilares imprescindibles de cualquier plan de reactivación de la economía.