uele ocurrir que cuando se afronta un problema se buscan soluciones para paliar los síntomas. Por encima de las medidas a corto plazo, parece que lo realmente necesario es dirigir los esfuerzos a la raíz de los problemas mismos. Un año después del comienzo de la crisis, es bastante evidente que el fenómeno subprime ha sido el catalizador de los efectos posteriores. Es por ello que quizá los principales esfuerzos deban orientarse hacia el que ha sido el origen mismo del problema: el mercado estadounidense, donde se sitúa el punto de partida de todas las patologías de esta crisis (escasa liquidez, sobrevaloración de activos inmobiliarios y falta de confianza tanto de operadores financieros como de consumidores).
Resulta necesario que la recuperación comience por ese mercado, dado el efecto de “puente financiero” que posee el sistema norteamericano sobre la economía mundial y por tanto sobre la posibilidad de reactivación de los mecanismos de crédito y consumo. La intervención del Sistema de Reserva Federal (FED) auxiliando a Freddy Mac y a Fannie Mae, significa el apuntalamiento por parte de la Administración publica norteamericana del sistema financiero para que no se derrumbe, pero así mismo debe conllevar una apuesta clara por sostener un sistema sin que cunda el pánico de los consumidores, de manera que el aval de la nación esté detrás de la importante cuenta hipotecaria que soportan esta entidades.
La reafirmación de ese papel debe contribuir a tranquilizar en el mercado interno y por ende en el mercado externo los ánimos y la confianza de las operaciones interbancarias, siendo necesaria una actuación mas activa por parte del Banco Central Europeo (BCE), para que el otro sistema financiero importante, el europeo, no lastre ese movimiento.
En este sentido el BCE está actuando con torpeza, ya que el sostenimiento de tipos altos repercute en el debilitamiento del euro frente al dólar, que si bien permite recuperar las exportaciones encarece la factura energética y debilita el consumo interno, y esto finalmente puede llevar a tasas negativas como las que vamos a vivir en España en los próximos meses.
Así las cosas, parece que la acción de la Fed puede se un buen punto de arranque para la recuperación que sin duda debe venir del otro lado del Atlántico, y que el nuevo presidente de los EEUU puede potenciar a partir de enero de 2009, aliviando el gasto de la intervención militar exterior, reduciendo su factura energética con una progresiva bajada del precio del barril e incentivando las exportaciones, con un sector como el medioambiental que puede significar una importantísima fuente de ingresos para los norteamericanos, que poseen capacidad productiva e investigación en dichos campos.
De esta forma podrán también favorecer nuevos criterios políticos que les permitan ganar terreno en algunos mercados internacionales desde el punto de vista medioambiental, fundamentalmente en el gigante asiático chino o la India, que verán cómo su competitividad se va a reducir notablemente ante este tipo de exigencias.
Sin duda esa recuperación debe partir de la base del fortalecimiento de la confianza de los consumidores gracias a nuevos aires en la Casa Blanca, ya que la recuperación del mercado norteamericano es la clave para la recuperación de la económica mundial.
Los costes y los beneficios de la globalización se están poniendo de manifiesto en la realidad que se vive en el día a día, y sin duda que esta lección es la primera del aprendizaje obligado que deben seguir las empresas por optimizar sus procesos, actuar con cautela en las decisiones estratégicas y no tener una dependencia del crédito tan acusada en algunos sectores como ha venido ocurriendo hasta la fecha. Para los estados, los alarmantes déficits van a exigir un “adelgazamiento de estructuras” en determinados servicios y prestaciones, como es el caso en España de AENA. Habrá que ver la evolución a medio y largo plazo de los sistemas de cobertura de desempleo, de la asistencia sanitaria y finalmente del sistema de pensiones.