El coaching potencia al profesional a través de su madurez individual
Vich: “las empresas han dado la espalda al crecimiento personal de sus trabajadores”.
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| Javier Vich da clases privadas para directores de grupos de trabajo de coaching y aplica las teorías con un golfista. / EyF |
> María Muñoz
El desarrollo máximo del talento de sus trabajadores es el estado idílico para cualquier empresario. Sin embargo, para lograrlo la motivación debe ser la premisa indiscutible de su política empresarial.
El coach, y profesor de esta disciplina, Javier Vich, asegura que “las empresas siempre han vivido de espaldas al crecimiento personal de sus trabajadores y éste debe ir junto al profesional. Aunque es complicado, es a lo que se debería aspirar”.
El coaching surje del mundo del deporte y bajo un prisma individualista: el deportista contrata a una persona que le ayude a cumplir sus objetivos personales para facilitarle afrontar tanto los éxitos como los fracasos. Vich, actualmente, es el coach del golfista Carlos del Moral.
Con los años esta “herramienta de motivación” aterriza en el marco empresarial, no obstante mantiene su carácter unipersonal. “Surgió como medida de directivos de empresa para conciliar su vida personal con la profesional”, explica el coach.
En la actualidad, el mercado se está abriendo a la aplicación del coaching, así se ha convertido en una técnica para la dirección de equipos. Aunque Vich cree más en la efectividad de este arte, como le llaman algunos analistas, cuando abarca a un solo sujeto, “considero que sería beneficioso para todos los departamentos de recursos humanos recurrir a un coach en situaciones de desmotivación o rutina de sus empleados, quien podría elaborarles un plan de acción para el grupo”.
Tres etapas
El coaching pasa por tres etapas que tienen un único objetivo, “obtener un fin que debe estar muy bien definido antes de comenzar a trabajar para él, y del que depende el éxito del trabajo”. Esas tres fases son el conocimiento, el replanteamiento y el cambio.
El coach nunca debe convertirse en “el espejo” del cliente, ni juzgar ni dar consejos. Su función es enseñarle a formularse las preguntas clave adecuadas para llegar a conocerse introspectivamente.
La primera fase será la más complicada, tanto para el coecheer como para el profesional de la disciplina, “ya que el coach tendrá que involucrarse con su cliente y él mismo deberá enfrentarse a los errores cometidos, nada agradable para nadie”, reflexiona Vich.
El segundo tema del trabajo es la indagación de los modelos mentales. La función del entrenador, según la traducción literal del anglicismo, será cuestionar las conductas anteriores que no le otorgaron a su pupilo la felicidad personal, para que sea él quien las ratifique y encuentre una nueva solución. El replanteamiento.
La última es la fase del cambio, en la que el empresario, deportista o trabajador debe aplicar su crecimiento y convertirlo en madurez, apostar por el objetivo planteado al inicio.
“Es mucho más fácil que una persona acceda a sus metas laborales, a la motivación y buena conducta en el trabajo, si ha logrado el bienestar individual”, concluye el experto.
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