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ENTREVISTA |
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RAMÓN MADRID, Decano del Colegio de Economistas |
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“Si las entidades financieras ya no confían unas y otras... ¡peligro!"
Ramón Madrid accedió al decanato de los economistas murcianos en octubre para sustituir a Salvador Marín, consejero de Universidades y Empresa. Madrid alerta contra la falta de profesionalización en la dirección de las pymes y en la pequeña dimensión de las empresas murcianas.

Ramón Madrid en su despacho del Colegio de Economistas. / EyF
> Fernando Abad
En el caso de una epidemia de gripe se recurre al médico, que es el profesional. En cambio, en caso de crisis no se puede recurrir a los economistas.
El economista, ya se sabe, tiene una importante faceta de historiador más que de analista. En el ámbito de la empresa, el problema es que recibimos la crisis cuando se presenta de forma aguda. Es difícil prevenir nada si cuando nos llaman la fiebre es altísima. Si nos dejáramos acompañar por el profesional la situación sería diferente. Hay que tener un economista de cabecera y eso porque en la gestión empresarial no se le ha dado la importancia que tiene. En la pyme, sobre todo, no hay indicadores que les señale cuál es su coyuntura y, volviendo a la metáfora de la gripe, hay que recurrir al médico antes incluso de los síntomas como medida preventiva.
Habla del economista de cabecera y hay alguno especialmente mediático. Los hay que se están convirtiendo en ‘estrellas’. Me refiero, por ejemplo, a Barea y Velarde u Ontiveros. Los dos primeros de un marcado pensamiento catastrofista y el tercero de otro más optimista. ¿Con cuál se alinea?
No podría compararme con cualquiera de ellos; pero me encuadraría con el optimismo de Ontiveros. Lo evidente es que los análisis deben hacerse sobre la base de estudios profundos y serios. No hay nada peor que un economista aficionado y en España hay más de 40 millones de economistas, tantos como seleccionadores de fútbol. Que la gente se preocupe, es bueno, pero hay que hacer caso a quien haga los análisis más independientes.
En economía estamos incluso recordando el abecedario. A su juicio, ¿será una crisis en ‘U’, en ‘V’ o en ‘L’?
No creo que sea en ‘L’, siempre y cuando cambiemos sistemas productivos aportando más valor añadido. Para ello hay que prestar mucha más atención a la formación y al capital humano.
En este momento se está poniendo en cuestión la gestión de muchas empresas, principalmente de las pymes. ¿Cuánta profesionalización ha faltado?
En los últimos años ha habido un cambio, se ha contratado a mucho profesional para la gestión. Ahora bien, aún no es suficiente la profesionalización de la dirección y de la gerencia y, pese al cambio paulatino, queda mucha dirección en manos del propietario del capital.
Estos días se habla de la necesidad de internacionalizar la empresa. ¿Cuál es la dimensión de la empresa murciana?
No siempre es óptima para el mercado en el que está compitiendo. La política de subvencionar es adecuada a corto plazo, pero no a medio. En cambio, sí deben incentivarse procesos de fusiones o de internacionalización para trabajar con una dimensión que permita competir en tamaño y volumen con el resto del mundo. Se ve claro en la producción agroalimentaria: la distribución al minorista está muy concentrada, pero no el de productores. Así es difícil ser competitivo.
¿Y en el resto de los sectores?
El agrícola es el que mejor preparado está. En el resto, la solución no puede ser únicamente la subvención de capital para que todo siga igual, porque la competencia de terceros países impide rivalizar en precios. Hay que ganar en competitividad redimensionando aquí, internacionalizando, y produciendo con mayor valor añadido y de calidad. Incluso en nuevos nichos como las ingenierías.
Me dice que trabajar en solitario no es positivo. Ahora bien, tradicionalmente el empresario murciano ha sido reacio al partenariado, a la asociación.
Las aventuras empresariales es mejor arrancarlas con socios del lugar, cuando hablamos de comercio exterior. Y eso que las tutelas del Instituto de Fomento, de las cámaras de comercio o del ICEX están siendo muy positivas. Están trabajando muy bien. Los empresarios murcianos están cambiando su mentalidad y son cada vez menos reacios; se dejan acompañar y comienzan a asociarse con empresas del lugar para evitar sonoros fracasos de otros tiempos.
Todo ello en cuanto al exterior, pero en nuestra casa tampoco abundan las asociaciones. La prueba es que agrupaciones de interés, los cluster, sólo hay dos constituidas y una tercera en proceso.
Debe haber muchos más, es una figura muy poco utilizada a pesar de su evidente utilidad. Pero incluso no debe quedarse ahí, sino que posteriormente de esa agrupación de interés se pase a una sociedad. Es una segunda fase. La experiencia demuestra que quienes han llegado a asociarse con su competencia, hoy por hoy funcionan mucho mejor que quienes han decidido quedarse solos.
En muchas ocasiones estas agrupaciones de interés no se crean porque no se fían unos de otros; no se fían entre sí las sociedades financieras y hay también poca confianza en las administraciones. ¿Se puede confiar en alguien, aparte del economista?
De los gobiernos, mejor no hablo porque no aportaría nada; de la competencia sí deberíamos comenzar a fiarnos, porque nos ayudaría a salir de esta situación; y si las entidades financieras ya no se fían entre ellas, peligro. En España no hay motivo para desconfiar de las entidades financieras. Están tuteladas por el Banco de España y éste ha sido de los pocos que en su ámbito ha hecho sus deberes.
Y con todo lo que estamos viviendo, ¿qué debemos concluir?
Que hay que sacarle punta a la crisis, recobrar el esfuerzo como sistema para mejorar, recuperar una formación que ha estado abandonada y olvidar el hábito del exceso de consumo sin posibilidades económicas.
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